cómo se interviene en los trastornos de personalidad

 

Los trastornos de personalidad conforman un continuo entre la conducta considerada normal y aquella conducta que, aun conteniendo aspectos que todo el mundo posee, estos se manifiestan o están presentes en tal grado que constituye, en ocasiones, un problema para la persona afectada.

 

Aún existe cierta discusión sobre si dichos trastornos constituyen entidades nosológicas o por el contrario, son componentes de normalidad que se encuentran en abundancia en algunas personas y por determinados motivos. Desde el punto de vista de la intervención, los trastornos de la personalidad son difíciles de tratar por la propia naturaleza de los mismos. En definitiva, tratándose de pautas incrustadas en el sistema psicológico del sujeto, y que a priori podría interpretarse que no son adaptativas, para el propio sujeto desempeñan un papel, en prácticamente todos los casos, adaptativo. Dicho de otro modo, al sujeto le sirve de algún modo la "sintomatología", pero a los demás, quizá no tanto. Por este motivo, tanto la evaluación como la intervención es a menudo una labor tediosa, especialmente, debido a la falta de implicación del propio paciente
 

 

PROCESO DE INTERVENCIÓN:

1. EVALUACIÓN

Existen dos ejes principales en la evaluación de este tipo de trastornos: la función que la conducta objeto de interés desempeña en el sujeto y en su relación con el mundo, y la propia historia de vida. Las pruebas psicométricas, siendo de interés, pues nos darán una serie de medidas cuantitativas, pasa a un segundo plano. Es decir, aunque nos interesa la información sobre la cantidad de conducta a tratar, debemos centrarnos en sus cualidades. En este tipo de problemas, la colaboración, implicación y alianza entre el profesional y el paciente resulta de importancia vital.

2. INTERVENCIÓN

Existen diferentes modos de abordar los problemas de personalidad, pero es la terapia cognitiva la que al menos al principio, nos proporcionará más probabilidad de éxito. Ya se ha comentado que las personas con trastornos de personalidad, por su propia naturaleza, son resistentes al cambio. La reestructuración cognitiva y por tanto la modificación de esquemas rígidos de pensamiento será un gran objetivo a alcanzar, pero es posible que la intervención se deba centrar en la promoción de determinadas habilidades si el sujeto es resistente al cambio radical. Fomentar una comunicación asertiva, las habilidades sociales o el empleo de recursos diversos pueden llegar a ser los únicos objetivos realistas. No obstante, aunque algunos trastornos son difíciles de tratar, unos más que otros, como en el caso del Trastorno Límite de la Personalidad, hay estudios que avalan el empleo de terapias de tercera generación, y en concreto, para el mencionado trastorno, la Terapia Dialéctica Conductual es la única que ofrece buenos resultados. En definitiva, se trata de que la persona replantee su propio punto de vista en relación con determinadas evidencias, sin someter sus propios principios a juicios que en nada ayudan a resolver su propia realidad percibida. Aunque es difícil, es importante en este tipo de trastornos trabajar también por objetivos.

3. RETEST Y CONTROL

A medida que avanza la terapia y se van consiguiendo los diferentes objetivos, se procederá a efectuar medidas de control para operativizar y hacer visibles, de un modo empírico, los cambios.

3. FINALIZACIÓN DEL PROGRAMA

Una vez que la persona haya conseguido sus objetivos, se dará por finalizado el programa. A partir de este momento, se harán citas periódicas que se alargarán en el tiempo. Dichas citas de control serán mensuales, trimestrales y anuales, no siendo necesario acudir a consulta.

 

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